Ironías.
Si el silencio se rompe
y la espera termina
el camino siempre empieza
cuando la voluntad
lo determina.
Razonaba ese viejo predicador
mientras con cuidado
mirándose al espejo
contaba una a una
esas sus arrugas
sin perderse en la cuenta
ni en el momento.
Una sonrisa fluía
tarareando esa melodía
que ha sido
el marco del encuentro
entre el joven queriendo
ser ya hombre
y el hombre que se aburrió
de ser viejo.
Ironía de la vida
a la cual no le hallamos gracia
solo se recuerda
lo bello sublime y picaresco
de los años idos
esos que no volverán.
La navaja se acomoda
entre los surcos
de esa piel que ya conoce
ahora se contiene la risa
para de nuevo su respirar
cuando se vuelve a mirar
vuelve a sonreírle al espejo.
Que tan pronto pasa la vida
no hay tiempo que perder.
Como llegamos a llamar recuerdos
esos momentos que todavía despiertan sentimientos
y terminan en risa.
Cuanto por recordar
pasando primero por las emociones
que nos llevaron ha adueñamos
el uno del otro.
Y pensar, que todavía
te recuerdo.
Amor mío.