Carlos Ojeda

IronĂ­as.

Ironías.

 

Si el silencio se rompe

y la espera termina

el camino siempre empieza

cuando la voluntad

lo determina.

Razonaba ese viejo predicador

mientras con cuidado

mirándose al espejo

contaba una a una

esas sus arrugas

sin perderse en la cuenta

ni en el momento.

Una sonrisa fluía

tarareando esa melodía

que ha sido

el marco del encuentro

entre el joven queriendo

ser ya hombre

y el hombre que se aburrió

de ser viejo.

Ironía de la vida

a la cual no le hallamos gracia

solo se recuerda

lo bello sublime y picaresco

de los años idos

esos que no volverán.

La navaja se acomoda

entre los surcos

de esa piel que ya conoce

ahora se contiene la risa

para de nuevo su respirar

cuando se vuelve a mirar

vuelve a sonreírle al espejo.

Que tan pronto pasa la vida

no hay tiempo que perder.

Como llegamos a llamar recuerdos

esos momentos que todavía despiertan sentimientos

y terminan en risa.

Cuanto por recordar

pasando primero por las emociones

que nos llevaron ha adueñamos

el uno del otro.

Y pensar, que todavía

te recuerdo.

                Amor mío.