EL PERIPLO
¡Cuantas veces caí! ¿Cuantas han sido
que mi rodilla hirió la tierra dura?
Nunca pude contarlas, porque herido,
me alzaba y retomaba mi andadura.
Cuantas veces a mi sayo he zurcido
del dolor, la sangrante rasgadura.
Y he tapado el desprecio recibido,
con sonrisas y rosas de ternura.
¡Cuantas veces la vida me ha vestido
con un traje de gala dominguero
queriendo aparentar lo que no he sido!
Para luego rasgar con duro acero
aquel precario sayo deslucido
que en la vida tome por compañero.