Temía a las serpientes venenosas
y al tigre, los lagartos y el león;
temía al cocodrilo y la anaconda
y al lobo, la chitara y tiburón.
Temía a las pirañas y las zorras
y al oso corpulento y muy matón;
temía a las panteras y las cobras
y al toro sebucán y bravucón.
De tanto que temía a tantas fieras,
creí que nunca nada pasaría.
Las fieras, porque atacan por sorpresa
sin verlas, siempre el hombre se confía.
¡Y fue al final la flor y su belleza,
que con su espina a mí me mataría...!