Se pone en pausa el tiempo
al cruzarnos las miradas;
logra encenderse la flama,
aquella que creí apagada.
El río del deseo se derrama,
late fuerte el corazón,
se aloca el mar de mi pasión
y mi boca tu nombre clama.
Crea mi mente escenarios
donde me rozas la boca,
siento que estorba la ropa
en mis sueños solitarios.
Dejo que tus dedos dibujen
el camino al paraíso,
y te concedo el permiso
de que tus manos me estrujen.
Respiraciones agitadas,
que muchas veces disfruto,
al ser tú prohibido fruto,
todo es a puertas cerradas.
Ya que esta simple mortal
la gloria intenta probar,
recuerdos pretende crear
de manera atemporal.
Endulzarse hasta el colmo
y abrigarlos por la eternidad,
en las entrañas su verdad
antes de volverse polvo.