Luis Barreda Morán

Castillos y puertas

Castillos y puertas 

Me hubiera gustado quedarme en tus días
como se queda la luz en la tarde,
sin prisa, sin miedo a apagarse,
sabiendo que siempre habría un mañana contigo.

Me hubiera gustado ser ese nombre
que pronuncias sin darte cuenta,
el refugio al que vuelves
cuando el mundo pesa demasiado.

Yo sí soñaba, ¿sabes?
Soñaba con tus manos envejeciendo junto a las mías,
con nuestras risas marcando las paredes,
con el tiempo rindiéndose ante nosotros,
como si el amor bastara para detenerlo.

Te imaginé en cada estación:
en los inviernos fríos donde tu abrazo sería hogar,
en los veranos largos donde tu risa sería sol,
en los otoños donde aprenderíamos a soltar
sin soltarnos jamás.

Pero el amor, a veces, no camina parejo.
A veces uno construye castillos
mientras el otro apenas dibuja puertas.
A veces uno se queda
mientras el otro ya se ha ido sin darse cuenta.

Y no es culpa de nadie,
ni siquiera del destino caprichoso
que juega a desordenar los sueños.
Es solo que tú no veías en mí
lo que yo veía en ti.

Aun así,
hubiera dado todo por escribir contigo
una historia sin despedidas,
por aprender tus silencios,
por hacer de cada día una pequeña eternidad.

Hoy guardo lo que fuimos —o lo que quise que fuéramos—
como se guarda una canción triste:
con cariño, con un poco de nostalgia,
y con esa certeza suave
de que, aunque dolió, también fue hermoso.

Porque sí:
yo sí soñé contigo.
Y aunque no se cumplió el sueño,
nadie podrá decir
que no amé de verdad.

—Luis Barreda/LAB
Glendale, California, EUA 
Noviembre, 2020.