Desde pequeña mi mujer maravilla, empoderada
imposible de vencer y capaz de refutar.
Enseñándome qué los miedos se podían enfrentar.
Pero, mamita, mita, madre querida
hubo un terror que nunca me enseñaste a afrontar.
Hoy, en esa cama helada, asesina y mortal
veo una versión cansada, desganada con la vida
pidiendo a gritos el descanso, con la bandera blanca en alto.
Pido a Dios fuerzas para sobrellevar esta pérdida
que me destroza, me arranca pedazo a pedazo
el Señor me demuestra que mis miedos eran infundados
porque el terror más grande es perderte
verte desvanecerte, ver la luz apagarse
y no tener voz para llamarte, ni herramientas para ayudarte.
Soy egoísta, no quiero afrontar esto, no quiero perderte
no quiero conocer la vida sin ti, no puedo seguir adelante.
Eras mi todo, el origen y final de mis metas, mis deseos,
mi apoyo, mi consciencia, mi crítica, mi todo.
Ayúdame madre mía, ayúdame a superar esto.
Ayúdame a encontrar un faro encendido en este camino
la oscuridad me está consumiendo, no veo nada, no puedo salir, solo me sigo hundiendo.
Finalmente, oro, no, le pido a Dios por mi corazón, cabeza y entereza
pido por ti, por tu tranquilidad y descanso.
Te amo mucho gordita, vida mía.