Te esperé en la luz de mi silencio
y en lo oscuro de mis pensamientos.
Te esperé sin importar el frío clima
o el incómodo espacio.
Te esperé al borde de la ansiedad
y en el caos de mis sentimientos.
Te esperé con el incesante sonido del reloj
que me trajo locura, desconsuelo y desamor.
Te esperé durante el día o quizá durante la noche
bajo esa amarga duda sin tener reproche.
Te esperé.
Quizá te sigo esperando.
¿Pero que diré cuando seas tú, quién esté preguntando?