Hoy me siento casi invisible, como la raíz que rompe la tierra sin hacer ruido, como la noche que se transforma en mañana sin pedir permiso.
Aprendo a avanzar cuando no hay señales, a sostener el pulso en medio de la pausa, a creer en lo mínimo, en eso pequeño que aún respira dentro de mí.
Y en mí, la piel se cierra despacio desde adentro, sin testigos, sin prisa, guardando en la memoria la forma exacta de haber resistido.
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Rafael Blanco López
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