Algún día entenderás
que no solo era escribir.
Que hubo un tiempo
en que cada palabra
tenía dirección.
Que ciertos versos
sonaban más despacio.
Que algunos finales
se quedaban suspendidos
como si esperaran algo.
Aparecías de la nada,
sin dejar espacio para otra cosa,
y todo empezaba a girar alrededor.
Sin darme cuenta,
sin haberlo decidido,
sin saber exactamente por qué.
Había algo en lo que no decías,
que no empujaba, que no pedía,
que no ocupaba más de lo que era suyo,
pero lo desordenaba.
Sin avisar,
sin forzar nada,
simplemente estando ahí.
Con el tiempo lo fui entendiendo.
No de golpe, ni como una revelación.
Poco a poco.
No era lo que escribía, sino desde dónde.
No era tenerlo, sino reconocerlo.
Hay presencias que no se quedan
y aun así...
terminan cambiándolo todo.