FALTAR A CLASE
El primer día que decides no entrar a clase,
al instituto, sientes, al momento,
unas ganas enormes de volver al cole,
al curso regular de los acontecimientos,
porque te encuentras como fuera de sitio
en tu anárquico deambular por la gran urbe.
Aunque puedas desarrollar una enormidad
de actividades extraescolares tan agradables como leer
cómodamente sentado en un banco
de la alameda o entrar a deshora a los billares,
no disfrutas de lleno,
sientes que no te corresponden del todo,
porque los días de entre semana no pueden ser así.
Y regresas a casa desfondado
por tanta lucha interior, y como desgastado
por un paso demasiado grande, algo, íntimo,
por un salto cualitativo para ti.
Gaspar Jover Polo