el brujo de letziaga

Este poema lleva tu nombre.

 

Este poema lleva tu nombre,
que en todo su trovar encendido, el sol parece.
Y en virtud de ello, me sugiere,
que te purifique con el agua bendita del arte...



¡Ay, tu nombre!

En medio de la música, del brujo y sus flores,
no hay diamantes ni cofres,
solo Jesucristo que resonante nos bendice...



Contigo, todo enardece,

como el amor puro... de un albor naciente.
¡Ay, virgen exuberante!
Que hasta mi hado elocuente tu dicha quiere...



Al final, nos diviniza la suerte,

de esa diosa que admirable y extraña, a veces puede,
unir a grandiosos amores,
para que sean libres en un trono de reyes...