Luciernaga 30

La Historiadora villana - capitulo 20

Han pasado dos semanas muy caóticas, entre el instituto y las clases de defensa, pero han hecho más liviano el peso que llevo. De alguna forma, Ethan logra meter cartas en mis cosas y luego enviar una respuesta sin que nadie lo note. Por el momento son cartas sencillas, del día a día, además de contarnos cosas que han estado pasando últimamente e incluso de cómo poder vernos a escondidas, ya que todo va viento en popa.

Al parecer los comentarios maliciosos cesaron debido a la última citación jurídica. Se logró establecer que todo fue una mentira y que la persona infiltrada fue un hombre de confianza de una de las empresas que colaboraban en el proyecto, solo con el fin de intentar robar todo y culpar al padre de Katherine. Lo más extraño de todo esto son las pruebas; nadie cree que sean reales, sospechan que posiblemente fueron alteradas, pero su verificación fue válida ante el juez. De a poco, toda la empresa Murphy se está volviendo a establecer en el mundo de los negocios, con cierta desconfianza aún, pero con el apoyo de los Brown el camino se ve más sencillo. Aunque, como todo trato entre empresas, siempre debe haber una cláusula a favor de ellos... aún no saben lo que les espera.

Rápidamente vuelvo a mis sentidos. Hoy tenemos una gran presentación; buscando aumentar la clientela del club de defensa personal, hicimos un convenio con la preparatoria para realizar una pequeña muestra de esta disciplina, tan especial para mí. Aún faltan preparar algunos detalles menores del lugar, no obstante, hay que estar seguros de que nada pueda dañar a alguien por el equipo que se utiliza en estos casos.

De pronto, un grito me saca de mis pensamientos, escuchando a Don Roberto que se acerca apresurado:

Don Roberto: ¡Dania!, querida.

Dania: Don Roberto, ¿qué pasó?, ¿por qué tan apurado?

Don Roberto: Debo irme, mi hija está en el hospital, tuvo un accidente en la escuela.

Dania: ¡Oh por Dios!, vaya con cuidado.

Don Roberto: Gracias Dania, te encargo todo, por favor.

Dania: Sí, no se preocupe, además están Cintia y Javier aquí, me pueden ayudar con todo.

Don Roberto: Gracias, aquí están las llaves del centro y me voy.

Dania: Descuide, por favor tenga cuidado y lo estaremos llamando.

Impulsada por la preocupación, decide buscar a Cintia y Javier, quienes son los que llevan más tiempo en el centro de defensa, para aprovechar la oportunidad de contarles con más detalle lo sucedido. Logra encontrarlos y explicarles todo, por lo cual deciden tomar precauciones en el uso del material más pesado, para evitar que alguien salga lastimado. Además, siendo esta el área de especialización de Don Roberto, hay muchas cosas que a ellos les cuesta entender.

La tarde transcurría sin mayor novedad, y las actividades preparadas fueron de gran impacto para toda la preparatoria. Hubo muchos inscritos nuevos. Durante la muestra, se hizo hincapié en que esta disciplina no tiene como objetivo ser utilizada como un arma para amenazar o lastimar, sino más bien mantener una actividad que nos permite liberar la presión, la ansiedad y mantenernos física y mentalmente en buen estado. Muchos jóvenes se llevaron folletos y números de contacto, pendientes de hablar con sus padres para los permisos necesarios.

Todo salió perfecto y fue un día lleno de nuevas experiencias, pero aún quedaba una duda: saber qué había pasado con Don Roberto. Dania marca el número de su entrenador, esperando que pueda contestar y que no haya sido nada grave. De pronto el timbre en la otra línea cesa y se escucha una voz, a la vez alegre y preocupada.

Dania: Aló, Don Roberto.

Don Roberto: Sí, Dania.

Dania: ¿Cómo está?, y ¿qué fue lo que sucedió?

Don Roberto: Gracias por tu preocupación, gracias a Dios todo bien. Solo fue un tropiezo mientras practicaba danza contemporánea, le produjo un esguince en el pie derecho. Ahora solo debe preocuparse por descansar por un mes, lo cual la tiene frustrada por su presentación en dos semanas.

Dania: Ya veo, debe estar angustiada. Me alegro que no sea nada mayor. Por el momento quédese con su familia, nosotros nos estamos encargando de limpiar y guardar todo en el gimnasio.

Don Roberto: Muchas gracias Dania, has hecho mucho por el club.

Dania: No se preocupe, estaremos en contacto. Saludos a su familia, adiós, que descansen.

Don Roberto: Adiós, nos vemos.

Luego de un gran suspiro de alivio, solo quedaba terminar de guardar las carpas de las zonas de información, cuando de pronto una mano me detiene de sorpresa, haciendo salir un grito ahogado por un susto terrible, seguido de un grito de sorpresa de ambas partes.

Dania: ¡AHHHH!!!! ¡SANTO CIELOS, CASI ME HACES MALDECIR!

Elena: ¡AYY! ¡NO GRITES, TE HE ESTADO HABLANDO DESDE HACE RATO!

Dania: En serio, lo lamento, estaba pensando en otras cosas.

Elena: Jaja, qué ironía verte a ti pidiendo disculpas.

Dania: ¿Me dices lo que necesitas o me voy?

Elena: Dime, ¿crees que tengo todo el tiempo del mundo para esperar tu respuesta?

Dania: Ohhh verdad, la apuesta, lo había olvidado.

Elena: Me intentas ver la cara, ¿verdad?

Dania: No, solo estaba ocupada con cosas más importantes que verte por un día completo. Además recuerda que estamos en esto por tu terquedad.

Elena: Eres... ¡Ashhh! Ya ni ganas de gastar energía en tus estupideces. Responde ahora, ¿cuándo y dónde?

Dania: Bien, veámonos este sábado 12 a las 7 de la mañana, el clima es perfecto ese día. Ven preparada, no será un día fácil.

Elena: ¿Me estás jodiendo? ¡¡¡A esa hora, un sábado!!!!

Dania: Pues ¿qué esperabas?, ¿una cita a velas con luz de luna? En las caminatas se aprovecha la luz del día.

Elena: Bien, bien, al menos será solo un día. No llegues tarde.

Dania: Oh, la que debería estar diciendo eso debería ser yo.

Elena: Payasa, me refiero a que no lo hagas con intención de hacerme esperar en el frío.

Dania: Ahh, pues no. Solo no vayas a parecer con trajes elegantes, se prudente, por favor.

Elena: Ash, adiós.

Dania: Bien, adiós. No te pierdas nuestra cita, respondo en tono burlesco.

Elena solo se retira del lugar sin ningún otro comentario imprudente. El trabajo restante fue rápido y luego trasladamos todo. Fue un día bastante productivo, pero el regreso a casa fue bastante silencioso. Detesto mucho estos momentos, debido a que mi mente divaga en muchas cosas preocupantes. Además, aún tengo una invitación pendiente de la familia de Katherine y también el mensaje de Ethan sin contestar en mi mano. ¿Será posible poder juntarnos sin ser vistos? Las cosas se han calmado, sin embargo aún no se puede confiar del todo en lo que pasará. La reputación de mi familia está en juego y la de mis amigos también... todo es tan frustrante y estresante.

Me invaden momentos melancólicos. De pronto suena mi celular y el nombre de Ethan aparece en la pantalla. Aunque tuve la intención de ignorar la llamada por un instante, comprendí que no encontraría la paz necesaria si lo hacía, por lo que decidí contestar.

Durante la llamada

Dania: Hola, ¿cómo estás?

Ethan: Hola, bien gracias. ¿Quería saber si tienes tiempo?

Dania: En este momento voy de regreso al edificio, me falta poco para llegar.

Ethan: Oh, bien. ¿Podemos vernos en el mirador del edificio?

Dania: Claro, nos vemos allá.

Ethan: Bien, te esperaré.

Mientras caminaba, decidí llevar un refresco y unos aperitivos para pasar el rato, pensando en cómo lo hacíamos en los recreos del instituto. Al llegar noté que todas las luces estaban apagadas, no lograba ver nada, así que comencé a llamar a Ethan, sin tener respuesta.

Dania: ¿Qué está pasando?, dijo que nos veríamos en este lugar. Vuelvo a intentarlo, pero esta vez un poco más fuerte... ¡¡ETHAN!!

De pronto logra hacerse visible una pequeña luz cerca de la barandilla y allí estaba él, mirando hacia la nada, agotado, sin vida. Me causaba tanta tristeza que no sabía si avanzar.

Ethan: Dania, aquí..., perdón hubo un corte y no lograba verte bien.

Dania: No te preocupes, ya voy, te tengo una sorpresa.

Ethan: ¿Qué?, ¿una sorpresa?

Dania: Sí, mira lo que tengo.

Ethan: Wow, esa es mi bebida favorita, gracias, no debiste molestarte. Solo quería charlar con alguien un momento, perdón si te molesté con mi llamada.

Dania: No te preocupes, sé que aún no la estás pasando muy bien.

Ethan: La verdad todo ha ido bien, pero hay una espina que no me puedo sacar y siento que todo esto explotará en algún momento.

Dania: Ya veo, sentémonos un rato.

Ethan: Disculpa, claro por aquí.

Dania: ¿Y esto tiene que ver con tu padre?

Ethan: Es muy evidente, por lo visto.

Dania: En la escuela han llegado muchos chismes nuevos y sobre todo sobre la explotación de los Brown, es muy alarmante.

Ethan: Hasta tú te has dado cuenta de eso.

Dania: No es muy difícil. Desde el momento que lo conocí, siempre me causó un rechazo horrible, por ende le pedí a mi padre que tuviera cuidado con sus negocios.

Ethan: Tienes razón. Por más que se lo diga a mi padre, no me escucha y hace lo que quiere.

Dania: ¿Por qué no haces lo que dice? A veces las lecciones más dolorosas comienzan con errores de principiantes. Y por lo visto no eres el único que le ha dicho que se aleje.

Ethan: Sí, hasta mi tío, siendo el menos experto en negocios, sabe eso. Además hay... (Se forma un gran silencio).

Dania: ¿Qué hay, Ethan?

Ethan: No es nada, solo pensamientos involuntarios. Qué delicia de papitas, siempre sabes qué compartir.

Dania: No evadas el tema, ¿seguro estás bien?

Ethan: En este instante sí, no sé qué vendrá más adelante.

Dania: A todos nos asusta este futuro incierto. Se queda mirando hacia el cielo.

Ethan: La luna está muy hermosa esta noche, dice sin apartar la mirada de ella.

Dania: Tienes razón, noche de luna llena, responde sin percatarse de su mirada.

Una sonrisa sutil se nota en los labios del joven y solo decide recargar su cabeza en el hombro de Dania sin previo aviso. Por lo cual, ella se sorprende por un momento, pero sin rechazar la acción que él realizó. Ambos se encuentran sumergidos en un ambiente cómodo, dentro de un mundo hostil. Pasaron un momento recordando anécdotas divertidas de la infancia y disfrutando de un instante agradable.

Los dos toman sus pertenencias y se dirigen al ascensor para volver a su piso. El tiempo transcurrió sin darnos cuenta y nuestros padres ya deben estar preguntándose dónde estamos, o tal vez no han llegado de sus largas reuniones empresariales. Al llegar, cada uno toma rumbo hacia su puerta, sin antes...

Ethan: Gracias por todo lo de hoy, hace tiempo no me divertía tanto.

Dania: De nada, también fue muy agradable para mí y me hizo muy bien distraerme.

Ethan: Espero podamos vernos más seguido.

Dania: Mientras sea posible, sería grandioso.

Ethan: Bien, cuídate, nos vemos.

Dania: Adiós Ethan, que pases una buena noche.

Ethan: Igualmente.

¡Qué gran día! Todo salió de maravilla, sobretodo por la hermosa noche que disfruté junto a Ethan. ¿Qué podría pasar para cambiar todo?.