Miro atrás, me pongo a recordar, me pongo melancólica, me pongo un poco tonta. Pero estoy arrepentida de la mitad de mis decisiones. Las enseñanzas no me consuelan, la falta de orden es demasiado grande para conformarme. Luego me pregunto para qué, pero automáticamente enciendo mi motor y pongo primera. Después paso a segunda, tercera, cuarta, quinta... Y llega la noche, y me fundo con la esperanza de un \"mañana será otro día\". Entonces me cuestiono: ¿un otro día para qué? ¿Otro día de lo mismo? Otra semana, otro mes que se va, y yo me siento cada vez más cansada, más vieja, más encerrada en este círculo vicioso. Busco la puerta de salida, pero cuando creo encontrarla, algo me dice: \"No te vayas, quédate\". Y acá estoy, viviendo otro día, resignada a mis estúpidas decisiones, y a su vez queriendo escapar desde el grito que sale de mi garganta, la respiración profunda o en una canción donde busco palabras con las que sentirme identificada. Entonces llega la noche, respiro y me alivio, y suelto para mis adentros: \"Mañana será otro día\".