A la noche le pedí prestado el viento
para poder volar un poco más
Ibas temblando de miedo
con las manos pequeñas aferradas al
manubrio,
como quien no sabe
si acelerar o volver atrás.
Y yo,
con el corazón haciendo más ruido que la
moto,
te dije “dale”,
como si en esa sola palabra
pudiera regalarte el mundo.
Entonces pasó.
Gritaste.
Pero no de miedo,
No esta vez.
Gritaste de esa felicidad limpia
que tienen las almas
cuando se olvidan del suelo.
tu risa se mezcló con la noche,
tu pelo bailó con el viento,
y la calle entera parecía abrirse
solo para verte sonreír.
Yo te miraba desde atrás,
grabándote con las manos
y amándote con todo lo que no dije.
Pensé…
sin saber que pensaba en despedidas…
que si la vida tenia un idioma,
era ese;
Tu voz quebrando el silencio,
la moto temblando bajo nosotros,
la noche abrazándonos despacio,
y tu sonrisa…
tu sonrisa iluminando
más que cualquier faro.
Ahora vuelvo a ese video
como quien vuelve a un incendio
a buscar lo que perdió.
Y ahí sigues:
Gritando,
Riendo,
Viviendo.
Congelada en un instante perfecto
mientras yo, de este lado,
aprendo lo difícil
que es extrañar un momento
que todavía respira.
Si algún día me preguntas
qué fue magia,
no diré tu nombre…
Diré aquella noche
en que venciste el miedo
yo te filmé sonriendo
y sin saberlo,
los dos fuimos felices
sobre cuatro ruedas
y un pedazo de viento.