No intentes predecir el rastro de mi mano;
se desplaza en una nube de densidades,
estando en todas partes y en ninguna,
hasta que la presión de tu pecho
fija mi posición sobre el mapa de tu vientre
El calor fluye de tu centro al mío,
aumentando el desorden de nuestras células
hasta que la entropía es tan alta
que ya no sabemos dónde termina tu hidrógeno
y dónde comienza mi incendio.
Daniel Omar Cignacco © 2026