A veces no sabes exactamente
qué te está sosteniendo.
Piensas que es costumbre,
o inercia,
o ese piloto automático
que te lleva de un día a otro
sin hacer demasiado ruido.
Pero no.
A veces es alguien
que aparece justo donde no se ve,
que no pregunta más de la cuenta,
que no invade,
que no empuja,
que no intenta arreglar nada.
Solo está.
Y con eso basta.
Sigues sin saber muy bien por qué,
sin saber muy bien gracias a quién,
sin saber que ahí, en lo pequeño,
hay algo más grande.
Con el tiempo
miras atrás,
como quien intenta entender
por qué no te rompiste del todo,
y entonces las ves.
No como protagonistas.
No como salvadoras.
No como algo evidente.
Sino en los márgenes.
Sin llamar la atención.
Sin pedir lugar.
Sin saber siquiera
que están evitando la caída.
Tres formas de quedarse ahí.
Tres maneras de no irse.
Tres presencias
que nunca pidieron serlo.
Pero hay quien aparece sin pretenderlo
y quien se queda
sin entender por qué.