Pirretráctico

Culminación

Una daga cruel se ha clavado en mi
espalda. Su bronce se ha adecuado al
nervazón de mi nostalgia. ¿A qué trazo
responde este hilo de brea? ¿Por qué
mi cuerpo ya no es lodo sino piedra?
Cierto día (no sé cuál) brotará
un rosal de mi empuñadura, cuya
inscripción no podrá reproducirse
ni en el día ni en la noche. Solo en
el ocaso. ¡Pero el tiempo se inclina
de algún modo al infinito! ¡Tantea
su suerte de vereda y de maleza!
¡No importa la hora, el día, el mes, el año!
Solo la hemorragia que clama su
nombre. Cargo mi daga florecida
a cualquier escondrijo en que sospecho
no encontrarla. Mis nervios no dan una,
no dan dos y no dan tres. Han urdido
una cavilación que se derrama
en cuatro cauces. Me siento como el
mar en su dulzura triste, en su pálido
verdor de alga muriente. Yo prosigo
con mi daga y con mi rosa. Confío
en ser testigo de todo el cansancio
de la tierra. Si yo soy a ella, tal vez
más nunca vuelva a saber de mi daga.