Hay un drama inédito en la vida de todos, muy pocos lo gritaron, la mayoría lo guarda no como un tesoro ¡ni más faltaba!, sino como un capítulo que desean olvidar.
Nunca salieron a contarlo, más por miedo que por olvido, contarlo significaba casi volver a estar ahí, vivir una vez más lo que tantas veces se deseó fuera un mal sueño.
No hay dramas menores o mayores, como dramas son intensos para cualquiera que los vive.
Y así llenos de conflictos, dilemas y tragedias crecimos. Con un realismo atroz que nos dio obligatoriamente un humor cínico, ácido, casi traumático. Es la forma con la que enfrentamos la vida, porque aprendimos que la vida nos enfrentó primero.
Ahora, a veces, solo a veces, hacemos las pases con ella, lo suficiente para poder decir que esta vida también es hermosa.
Pero aunque nos vean como con esa personalidad puntiaguda, en el fondo ese drama nos consume, porque está ahí, aún inédito, no hay quien lo aplauda, lo denigre, lo castigue o lo absuelva.
Es nuestra sombra, y también aprendimos a darle la mano, para poder ver de frente a la vida y decirle … gracias.