Stroker

157 días pensando el el fracaso...

 

Han pasado ciento cincuenta y siete días
desde que el silencio aprendió mi nombre,
desde que las noches se hicieron largas
y el reloj comenzó a burlarse de mí.

No fue una guerra lo que perdí,
ni una fortuna,
ni un reino levantado con piedras viejas.
Fue algo más pequeño,
más simple,
más cruel:
una oportunidad que tembló en mis manos
y cayó al suelo sin hacer ruido.

Desde entonces camino con cuidado,
como quien pisa vidrios invisibles.
Cualquier recuerdo corta,
cualquier canción abre la herida,
cualquier calle parece llevar
hacia el mismo destino donde no llegué.

A veces imagino otra versión de mí:
uno más valiente,
menos torpe,
menos lleno de dudas.
Uno que habló a tiempo,
que no dejó que el miedo
le cerrara la boca como una tumba.

Pero despierto siendo este,
el que cuenta días como condena,
el que colecciona “hubiera”
como si sirvieran de algo.

Y sin embargo,
entre tanta ruina,
todavía queda una costumbre terca:
pensar en aquella luz
que nunca fue mía
y aun así sigue alumbrando mis sombras.

Mañana serán ciento cincuenta y ocho...
y seguiré pensando en ella.