Tus ojos, lima-limón, tienen la dulzura agreste de los huertos bajo el alba;
parecen dos frutos de luz donde la mañana se queda temblando.
En tu mirada fluye un río secreto que arrastra nostalgias
y un fulgor de paraíso perdido.
Tu boca rosada dibuja como si un ángel de abril la hubiese trazado
donde nacen los besos que aún no existen;
y tu sonrisa, ¡oh milagro !, abre en el mundo una campiña de azucenas,
como si el tiempo, por un instante, olvidara su oficio.
Tus pestañas son sombras delicadas, alas de mariposas dormidas
que custodian la música de tu mirada;
y cuando descienden, pareciera
que la tarde arrodilla su oro para adorarte.
Tu piel, blanca porcelana, tiene la pureza callada de la luna cuando reposa en las fuentes;
es un lirio de nieve donde el viento quisiera posar sus nostalgias,
un templo frágil donde la belleza aprende a rezar.
Y tu rostro hermoso .
Quien lo contempla siente que en la tierra todavía hay jardines intactos,
que no todo ha sido herido por el tiempo.
Porque en tus facciones vive algo que no pertenece del todo a este mundo:
un resplandor de aurora, una promesa suspendida, un pedazo de cielo hecho carne.
Si la poesía tuviera un rostro, quizá sería el tuyo.
Si la ternura pudiera volverse forma, tendría tus contornos.
Y si el alma buscara un espejo para reconocerse bella,
iría a mirarse en tus ojos lima limón,
en tu boca de rosa,
la sonrisa que parece haber dejado
una pequeña eternidad floreciendo.