Las nubes,
cuando besan las montañas,
nos roban las mareas,
nos evaporan las aguas
que nos hacen y somos,
nos liberan del poder de la Luna,
nos aplastan contra la tierra,
nos funden a la roca,
nos reducen el espacio
para volar nuestras alas,
nos limitan la altura de los sueños.
Las nubes,
cuando bajan rodando la montaña,
nos obligan otra vez a la caverna,
nos devuelven a los túneles que mordimos a la tierra,
nos dan otra vez la luz del carbón
para ver en la oscuridad de los huesos carcomidos.
Las nubes,
cuando quieren,
nos hacen topos ciegos
que esquivan tumbas
en su propio cementerio.