Uno, desde la ventana, señala
una moto, varias, en el Iwata.
Escuché un porrazo, pensé
en accidente, pero no vi yaciente
ningún cuerpo sobre el gris
de la carretera, enfrente,
y mi ventana que da a la avenida
de Andalucía, domingo, paz, sol.
la Feria de Sevilla pronuncia
su adiós, veintiséis de abril.
y desde un balcón, dos torsos
desnudos, un brazo en horizontal
terminado en un dedo índice
enhiesto, señala un percance
que no veo, que no percibí mirando
y quise preguntar a voces —no era
lo correcto—, no me habrían oído
seguramente, no era mi curiosidad
tanta, y cerré la ventana, y me puse
a escribir —no tenía otro tema,
me gusta tirar de un hilo que sale
al azar, como por ensalmo—.
Las motos no chirrían hoy, no
es jueves, y solo veo unas cuantas
aparcadas en la acera contigua
que esperan a ser montadas
por jinetes que dentro, supongo,
están celebrando que la Fería —o
quizá llorando— termina, y que la vida
sigue, mañana, su acostumbrado paso.