Un azul refulgente de una estrella
se agita en el oscuro firmamento,
pulsa su luz como un eterno aliento
y deja en mis oídos una huella.
Esa fuerza vital es ya mi dueña,
nacida del lucero que yo siento
unirse con mi propio sentimiento,
luz que en mi pecho humilde se destella.
Tan solo el acto puro de mirar,
buscando el cosmos de un ayer pasado,
te vuelve en el vacío más callado.
Saber sentir y saber esperar,
para descubrir si eres amado...
porque la vida no es lo inanimado.