Al verte acontecer siempre de nuevo
semejante al lucero que pusiste
despunta mi universo, y se reviste
de día el malestar que en mi alma llevo.
Porque tu sacramento es el relevo
cósmico de que la cruz en que moriste,
el sempiterno hoy donde quisiste
amar al corazón que apenas muevo.
Pésame, como a Sísifo, la piedra,
el samsárico ciclo que desmedra
con su peso el amor por ti exhalado.
Mata la angustia, calla mi lamento
a través de este vivo sacramento
para ser también pan transfigurado.