Camino lenta por las sendas vacías,
mi corazón ya no quiere cantar,
se apagaron las dulces melodías,
solo me queda aprender a callar.
Tus promesas fueron viento perdido,
palabras huecas que no saben amar,
y en mi pecho quedó el sonido
de un eco triste que no quiso cesar.
Dos mentiras son las que he creído,
una es de tus labios, otra me la dijeron,
vuelven al corazón pájaro malherido,
como los vientos que ríeron y se fueron.
La primera brillaba como estrella,
me hizo pensar que era eternidad,
pero su luz resultó tan bella
solo en el velo de la falsedad.
La segunda nació como consuelo,
me susurraron que todo era paz,
pero escondía un oscuro desvelo
que me dejó sin fuerza, sin faz.
Dos mentiras, dos heridas, dos palabras,
me llevaron rumbo a la soledad:
La primera fue creer que me amabas,
y la segunda, creer que era verdad.
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Annabeth Aparicio de León
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