Sevilla perfumada de azahar,
embriagas con tu aroma los sentidos;
tus calles son retablos encendidos,
desgarro de gargantas tu cantar.
Tu río emite música al pasar.
cadencia celestial en los oídos.
Por sevillanas, cantes con latidos,
regala el Giraldillo su bailar.
Giralda, madre altiva de la fe,
vigía de leyendas y de amores,
a tus plantas se enreda la aventura.
Y el sol, que entre naranjos arde y ve
tu corona de luz entre fulgores,
te nombra Reina Mora de Hermosura.