Noche de primavera fue,
tal vez.
Una fina luz de luna llena bañaba el cristal empañado del auto,
de pronto una conocida melodía avivo la primera chispa:
Nuestros ojos se encontraron,
nuestras mentes conspiraron.
Ya no había entre nosotros espacio,
solo el cálido aire, dos ecos partidos
y nuestra agitada respiración.
No hubo palabras, solo furtivas miradas.
nuestros sueños en agonía,
acepte tú olor, husmee tu pelo,
en tus ojos vi luz y en tu boca fuego.
La noche una pausa hizo,
suficiente para que nuestros labios se unieran,
y el tiempo, el tiempo,
se quedó atrapado en aquel inagotable beso.