¡Oh! querido ángel,
dulce y amable como la flor,
con un manto de seda color dorado,
tu cabellera trenzada y recogida en un moño
muestra la iniciativa de lealtad y honor,
tus alas blancas como la nieve brillan con dolor genuino,
se opacan por lágrimas de hiel y quebranto.
El peso del duelo deshizo tu encanto,
tus sollozos son apagados con dolor.
Tu pena es demostrada ante un mundo lleno de rencor.
Cumpliste el encargo con tal sacrificio
que el cuerpo se rinde ante el negro hospicio.
Allí donde yace tu humano asignado,
su sueño eterno por fin ha empezado,
mientras tú lloras, con fiel amargura,
con la fría condena de su sepultura.