Voy machacando el polvo,
y bajo el claro y amplio azul del cielo
mis lágrimas absorbo
añorando primaveras
de este suelo.
¡Olvidadme por siempre!
Porque quiero dormir el sueño de la muerte.
No se puede morir si te recuerda alguien,
y yo, quiero la paz.
¿Es mucho pedir?
No quiero flores.
No quiero llantos.
Ni recuerdos, ni halagos.
Solo quiero el reposo,
y creo haberlo ganado.
¡Olvidad que existí y un día haya cantado!
Mis lágrimas,
las guardo en mi pecho apagado.
Serán, riego fecundo en los fértiles campos
donde hace sus heridas
la reja del arado.
Olvidaos de mí y que haya caminado
por las horribles sendas de, estos camposantos,
entre zombis famélicos y sepulcros dorados.
Hay luceros infantes
y hay luceros ancianos.
Yo, soy uno marchito que busca su descanso.
Dejadme que me marche al caer de la tarde
por el camino ignoto que va a ninguna parte
y me traguen las brumas
¡Sin que me vea nadie!