En la solombría calma de mi pecho,
reposan suspendidos; los más tiernos
y suculentos gajos de tus besos.
Los recogí ayer de la acequia frondosa
de tu boca. Rosal de pomarosas.
Con el olor grato;
cuando las honradas horas tempranas
del edénico día, en un intercambio de pieles y sensualidad pura, se amaban a solas.