Vuela, aunque el suelo te llame por tu nombre y te prometa raíces que nunca pediste.
Vuela, aunque el miedo se siente a tu lado como un viejo amigo que no sabe despedirse.
Hay cielos que solo existen para quien se atreve a mirarlos de frente, para quien entiende que caer también es parte del viaje.
Vuela, sin mapas, sin permiso, sin la certeza de llegar.
Porque a veces el destino no es un lugar, sino ese instante exacto en que decides soltar lo que te pesa.
Y entonces, sin darte cuenta, ya estás en el aire.
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Rafael Blanco López
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