No es amor lo que por ti este pecho siente,
es un lenguaje nuevo que la sangre inventa,
una marea mansa, una paz ferviente,
que en el caos del mundo mi alma sustenta.
Te busco en los versos que no tienen dueño,
en la luz que se filtra tras de la ventana,
eres la sustancia de mi mejor sueño
y el motivo dulce de cada mañana.
Amo tus manos que son un refugio,
y el eco suave de tu voz serena,
porque eres el puerto, no el subterfugio,
donde se deshace cualquier vieja pena.
No pido promesas de eternos mañanas,
ni cielos abiertos que el tiempo marchita,
me basta el presente que en ti se desgrana,
esa magia pura que en tus ojos habita.
Si el mundo se apaga y el frío nos ronda,
seré para ti la hoguera encendida,
la nota perfecta, la calma profunda,
el ancla segura de toda una vida.
Eres la constante, mi centro y mi calma,
el verso infinito que nunca se agota,
te llevo tatuada por dentro del alma,
en cada suspiro y en cada nota.
Que sigan los astros su curso errante,
que corran los ríos buscando su mar,
yo solo pretendo, fiel y constante,
tener tu mirada para descansar.
Porque este sentimiento no tiene medida,
ni muros, ni leyes, ni fin, ni frontera,
es simplemente el motor de mi vida,
mi luz, mi esperanza y mi paz verdadera.