A veces envidio,
el no poder atrapar al pájaro del viento,
a cada gato a medio salto,
junto a la carretilla del cementerio...
Sin moverme del sitio,
ambos corren por un espacio separado,
a tantas alas por segundo,
y un disparate de algún modo el gato...
Al son agrario,
escucho el rebuzno de un burro,
en mi viejo pueblo,
donde no queda ni un solo gallo...
Entonces me desternillo,
porque nadie me conoce ni un solo pecado,
aquí terrible y milenario,
sobre las tumbas del puto pasado...