Aprendí, que las noches más largas
se guardan en las bolsas
de las ojeras y de que nada sirve
contar ovejas bajo un cielo raso roto
carcomido de moho y alas rotas.
Aprendí, ya tarde, por cierto!
que las ansias agrietan el alma
y de que paso a paso, sin prisa, deja huella.
Aprendí, que de modo desbocado
Perdí amaneceres en tu sonrisa
y, ya hoy que no tengo, perezco
en la nostalgia de no haber vivido.
desde entonces me refugio a solas
Extendiéndome como un océano
En la memoria exigua de mis vestigios.
Ferrán Sorel
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24-04-26