Pasé por el baño y la vi ahí, acurrucada, asustada,
seguí a la habitación, y ahí estaba, petrificada con los ojos abiertos temblando de miedo
fui a la cocina, sus manos apoyadas en el lavaplatos, sus ojos encharcados, sus labios apretados
Salí a su lugar de trabajo, para pensar un rato, y si, también estaba ahí
con la mente en blanco, sus ojos esta vez secos y su alma llorando
el café caliente, que se iba enfriando, y entre sus labores, seguía temblando
Caminé por esas calles, y vi las huellas de pasos cansados
y vi cómo sus pesadas cargas arqueaban su espalda
vi cómo iba dejando por donde pasaba rezagos de duelo, dolor y muerte.
En las noches, en su cama su cuerpo reposaba, pero ya no era ella
su mente se ausentaba, huía lejos, escapaba y luego moría.
¿Alguien ha muerto y aun así ha tenido que levantarse al día siguiente?
Y ahora estoy yo aquí, viéndola a lo lejos
queriendo abrazar a esa versión de mi
que tuvo que morir, para volver a vivir.