El tictac ha perdido su esqueleto,
ahora es un charco de mercurio tibio
que decide, con la pereza de un gato de humo,
suicidarse lentamente por el relieve del mármol.
El segundero es una gota de miel negra
que no busca el suelo, sino el olvido de la caída,
un naufragio de minutos que han olvidado
la tiranía de los trenes y las citas previas.
Abres la boca para pronunciar la duda,
y muerdes un \"tal vez\" con los molares del alma
y el paladar se inunda de un terciopelo azul,
espeso como una noche que se puede tocar.
Pero al fondo, tras el pliegue de la lengua,
el eco del \"nunca\" sabe a clavo oxidado,
a sangre vieja y a moneda olvidada en el fondo del mar
y mira hacia arriba, donde el peso es un mito.
La gravedad es solo un rumor
que las piedras ya no quieren escuchar,
todo flota, todo se bebe,
todo se deshace en el aire.
¡Tal que un poema, que se muerde antes de ser escrito.!