No me mires así, muchacha clara,
que entiendo ese temblor en tu mirada;
yo también fui incendio en otra cara
cuando la vida apenas despertaba.
No creas que tu impulso me es ajeno,
ni ignoro ese vértigo que llamas;
también fui voz rompiéndose en el viento
y un latido en busca de otra alma.
Pero hay un nombre antiguo en mi costado,
una raíz que el tiempo no desata,
un amor que creció sin hacer ruido,
un árbol que en mi pecho se levanta.
No es cobardía lo que ahora digo,
ni falta de valor ante tus llamas;
hay fuegos que no deben encenderse
cuando otro ya ilumina nuestra casa.
¿Te entiendo? Más de lo que imaginas,
veo en tus ojos encendida la mirada;
pero no puedo abrir la nueva herida
donde aún sangra historia que me abraza.
No puedo ser tu amante, aunque quisiera
detener este instante que nos llama;
porque el amor no es solo eso que arde,
es también lo que elige y lo que guarda.
JUSTO ALDÚ © Derechos reservados 2026