Las sombras caminan
por los pasillos de nuestros pensamientos,
la incertidumbre
se cuela entre las ranuras del alma.
y el aire se torna espeso,
como un velo que oculta
las risas de ayer.
Entonces, un rayo de sol,
un destello inesperado,
se filtra por las grietas del dolor.
Es en ese instante
cuando el mundo se detiene,
el reloj olvida su marcha,
y el corazón, por un momento,
se libera de las cadenas
que atenazan su esencia.
Es la hora de dar gracias a Dios,
de elevar la mirada
de encontrar en lo simple
el reflejo de lo sagrado.
Abrazar esa luz
que nos devuelve a la realidad,
a la vida,
al día a día,
a lo cotidiano.
Así, en la penumbra,
la esperanza se alza,
y lo oscuro se encuentra
con lo luminoso,
como dos amantes
que tras la tormenta
se reencuentran
en la piel del tiempo.
El abrazo de la luz
nos envuelve,
y en su calor descubrimos
que la vida es un regalo
que, aunque a veces es oscura
al final, puede llegar a brillar.
SienaR ©