José Luis Barrientos León

Niño de la nada

 

Un Ojo, que era Infancia,

tenía esa loca luz, de formas que, en el aire,

no cargan con su cruz.

 

Fue papalote entonces, hebra de fe y sedal,

que escala, nube a nube, su grado celestial.

Creció en aquel recinto, donde el latido es rey,

ignorando que el mundo, tiene una sorda ley.

 

Mas la vida no es juego, ni es lirismo, ni metal,

es un billete expósito, de cuño sin valor

Quiso el niño ser vuelo, explicarse el vivir,

como algo más que el hambre,

o el rudo consumir,

pero un viento siniestro, su altura terminó,

¿fue acaso la esperanza o el pie que vaciló?

 

Regalé por no vender mi centro, mi porción,

hice versos olvidando, la prosa, el eslabón,

la vida es esa herida, que ahoga lo mejor,

un cansancio de siglo,

que ignora su esplendor.

 

Hice trizas mi vidrio,

mi risa de cristal.

¡Qué amargo el despertar!

¡De un sueño vertical!