Ábrego—
entra suave.
No avisa.
Roza la tierra
como agua tibia
que sabe dónde caer.
Y todo fuera
respira.
Pero dentro—
silencio.
Las palabras
no salen.
Se quedan
quietas,
como hierro
antes del golpe.
Lóbrega
se cierra la voz.
Y en la tinta
de lo que soy—
las letras
guardan luto.
La noche vuelve.
Siempre vuelve.
Con ese susurro
que nadie oye
pero que aquí—
desgarra.
En lo hondo.
Ahí donde arde
sin llama.
Y yo lo siento.
Como se siente
el calor de la fragua
sin tocarla.
Algo en mí
se trabaja.
Se dobla.
No se rompe.
En este pecho—
crisol.
Mezcla viva
de lo que fui
y lo que resiste.
Y entre ceniza y aliento,
alguien—
sigue forjando.
Al calor de la fragua,
la vida,
invisible artesano.
Yunque fui.
En mí arde lo que soy.
La 💙 Gitana