Me pesa este amor que respiras y esquivas,
me atas con hilos que no quieres ver,
te gusta habitar lo que nunca cultivas,
y miras de lejos lo que pudo ser.
Te guardas intacta del fuego que invito,
te tiemblan las ganas de al fin encender,
prefieres la calma de un miedo infinito,
a dar el paso y dejarte caer.
No quiero quedarme a vivir en tu borde,
ni ser el susurro que eliges perder,
si nunca te atreves a entrar en el norte,
rompamos el mapa que no va a crecer.
Suéltame ya mismo de esta cuerda viva,
que caiga mi cuerpo si así ha de doler,
si el viento me salva o la herida me obliga,
será mi destino… pero déjame caer.