Apareciste como un relámpago.
Tengo que reconocer que me asustaste con tus propuestas.
Viniste atropelladamente, formar una familia?.
No te conozco y tu me propones vivir contigo.
La segunda llamada, tengo que reconocer que me encantaste.
Ayer ya no pudimos conversar y te extrañé.
Pienso que nuestra extraña relación es efímera y fugaz.
Me dijeron que disfrute este momento delicioso.
Pero la verdad que provoca cierta incertidumbre conocer a alguien sin verlo cara a cara.
Te ganaste un espacio en mi corazón y tengo miedo.