Sin que se sorprendiera,
notó que caminaba a su costado
cual, si le conociera,
la sombra persistente de un pasado
desde que vio la luz por vez primera.
Y vino de repente a su memoria
el ángel femenino,
guardián que custodió la trayectoria
y guía principal en el camino
apenas iniciado.
Pensó con gratitud en el desvelo
no siempre agradecido,
si buscaba en sus brazos
el cóncavo consuelo.
Del tiempo desanduvo la pendiente
hasta sentir el suave terciopelo
de su boca en la frente.
Y el niño despertó, porque aún perdura
en el fondo del alma soñadora
dispuesta a repetir la singladura,
difícil de olvidar porque lo añora
quien fue feliz;
por ende, a sus orígenes acude.
Mas la barca al albur del oleaje
y los vientos, las órdenes elude
pues ha de culminar el largo viaje.
Divisa ya la luz
del faro en lontananza el timonel;
muy cerca está el talud
que la costa limita,
luego él
mirando al firmamento a Dios le pide
que pueda descansar bajo el añil
pues Él es quien decide.