Mientras el latido del corazón se disuelve despacio,
como gotas de lluvia
golpeando la ventana
en un ritmo insistente,
como leña en el fuego
que aún guarda su calor
en una casa vacía
y distante,
la paz desciende
hasta volverse silencio,
en el mismo universo
donde siempre
hemos estado.
Y al aflojarse el borde
de lo que creía ser,
como un último aliento
de vida que se extingue,
como hoja que cae
sin haber sido llamada,
una vez abandonado este cuerpo
que cumplió su forma, su tiempo
y su sentido.
Mas allá de lo que puede tocarse
o perderse en la sombra, me dejaré caer en silencio,
en eso que no empieza ni termina, donde no cabe la oscuridad, la decepción o alegría, por se luz
que se sostiene sin nombre...
Por haber sido y seguir siendo, como gota de lluvia
golpeando la ventana:
partícula que nunca
ha dejado de ser.