Bruno Gatica 1

Sin salida

Dejo la ventana abierta mientras la lluvia cae constante, las gotas me alcanzan el rostro y la brisa me despeina con una suavidad extraña, no del todo aire, más bien una presencia leve que me reconoce y se detiene apenas un instante más de lo necesario.

 

La noche no está en silencio, aunque no pase nada, hay una compañía que permanece mientras lloro, no ocupa espacio pero tampoco se va, respira más lento que yo, espera.

 

No sé si lloro por mí o por la forma en que el amor termina volviéndose en contra, torciéndose desde dentro hasta volverse irreconocible, dejando lo que siento en un lugar que ya no termino de reconocer como mío.

 

Llevo una blusa de tirantes y el frío se me instala en la piel, pero no viene solo de la lluvia, hay algo en ese escalofrío que nace más adentro, que se queda, que se acomoda sin intención de irse.

 

Aun así no me muevo, me quedo cerca de la ventana, sostenida o expuesta, no lo sé, como si salir de ahí fuera perder una parte que todavía no entiendo.

 

En algún momento el aire cambia, apenas, lo suficiente para notarlo sin poder explicarlo, como si alguien más hubiera entrado o siempre hubiera estado ahí, más cerca ahora, respirando en el mismo ritmo.

 

Por un momento todo permanece así, la lluvia cayendo, el aire entrando, y yo sin moverme, sintiendo cómo el espacio entre la ventana y yo se vuelve más corto, como si la habitación hubiera cambiado de forma sin moverse, o como si algo hubiera encontrado la manera de estar más cerca sin acercarse.

 

Y entonces lo entiendo sin entenderlo, que no es la lluvia, ni la noche, ni el frío, que hay algo más aquí, algo que no viene de afuera, algo que no se ha ido… porque nunca estuvo realmente fuera.