Sonríe
Sonríe, aunque el alma te pese
y la noche se quede a vivir en tus ojos,
aunque el silencio te nombre en voz baja
y el miedo dibuje sombras en tus manos.
Sonríe, incluso cuando el día
parezca una puerta cerrada sin llave,
cuando el viento repita despedidas
y el tiempo se niegue a curar lo que arde.
Sonríe, porque en medio del ruido
aún respira un latido que insiste,
una chispa pequeña y valiente
que no sabe rendirse ni irse.
Aunque el cielo se quiebre en cenizas
y las nubes se sienten a llorar,
aunque el frío se instale en tu pecho
como un huésped difícil de echar,
sonríe…
como quien en la noche enciende una vela
y desafía a la oscuridad.
Sonríe, aunque tiemble tu voz,
aunque duela mirar hacia adentro,
aunque haya preguntas sin rumbo
y respuestas perdidas en el viento.
Sonríe, porque a veces la vida
se reconstruye en gestos pequeños,
en un rayo de luz inesperado,
en un abrazo que llega a destiempo.
Sonríe, y deja que el alma respire,
que se rompan las jaulas del miedo,
que tus pasos recuerden el camino
aunque olvides por dónde empezaron los sueños.
Si el dolor se sienta a tu lado,
invítalo a mirar el amanecer,
porque incluso la herida más honda
puede aprender, despacio, a florecer.
Sonríe, no como quien finge,
sino como quien lucha en silencio,
como quien se levanta mil veces
aunque el mundo le diga “no puedo”.
Y si un día el cansancio te vence
y la esperanza se vuelve distante,
recuerda: dentro de ti vive un fuego
que no entiende de finales.
Entonces, sonríe…
como quien siembra luz en la nada,
como quien cree sin ver todavía,
como quien abraza la vida cansada.
Porque al final, entre grietas y ruinas,
entre dudas, caídas y abismos,
hay un sol esperando paciente
a que vuelvas a mirarlo contigo.
Sonríe…
y deja que la vida, poco a poco,
también sonría contigo.
—Luis Barreda/LAB
Montrose, California, EUA
Octubre, 2022.