Hay un espacio a mi lado,
en mi pequeña barca,
hay un farol extra y falta una mano
para que lo levante
e ilumine la senda por el hoy
calmo arroyo.
Quizá fueras tú, deidad
fantasma, vaporosa aparición,
tú que quizá has vivido y sufrido
como yo, seguro, demasiado;
o has amado, como yo, no sé cuánto;
pero te queda lozanía en la piel
sonrisas de buenos tiempos,
tu perfume aún envuelve la senda
y la gracia todavía ciñe tu cintura.
Si te quedas -dos al timón-
has de dejarme que vendimie
las uvas maduras
el pan y la hogaza de tu piel
la leche y miel de tus torrentes
y tus raíces con pedazos de tarde
trepando por las ventanas,
entre neblinas y postreros rayos de sol
hasta que la penumbra envuelva
juntos nuestros nombres de luciérnagas tardías,
en vaporosa desaparición definitiva.
Bolívar Delgado Arce