¿A qué se deberá la conspiración de las palabras?
Ellas tienen un contra sentido al encontrarnos.
La caricia tuvo a diario su cuota de inconveniente:
motivos, razones, pretextos y tonterías por doquier.
¿Qué tanto murmuran las palabras en la sombra del beso?
Del encuentro en algún café, bar o pasaje peatonal.
El saludo no augura un encuentro extenso como abrazo.
Amarte en brevedad no es posible de lo diurno a lo nocturno.
¿Qué venimos hacer tú y yo? Si no hay hilo rojo.
¿Hay un nosotros en esta lejanía?,
si a la noche le concurren un millar de pájaros de piedra,
un centenar de ángeles petrificados en el parque de los novios,
también una y mil cartas que no llegan a ser
un tablón de tu ventana a la mía.
Nos queda el enigma de la hora nocturnal ¿Nos veremos?