No sé nada del amor, pero te veo llegar y soy feliz en silencio.
No te lo digo porque yo no sé nada del amor, pero te veo y me vuelvo a sentir segura.
A veces quisiera que pudiéramos hablarnos con sentimiento,
vivir contigo el amor, pero ¿qué sabemos tú y yo?
No sé nada del amor, pero quisiera ser tu elección,
caminar por el parque de la mano,
hablarte de bobadas y que en tu risa yo me enamore.
Abrazarte y grabarme en el corazón tu perfume único.
Quisiera descubrir en tu boca lo que es perderse en un beso
y pensar en ti sin que nada más interrumpa mis sueños e ilusiones.
Pero ¿cómo haré eso si yo no sé nada del amor?
¿Cómo podré amarte con intensidad si tú y yo nunca nos hemos entregado con plenitud?
Quisiera, pero no puedo; tú no puedes, y yo ya no sé qué quiero
de mí, de nosotros...