Las gaviotas rasgaban el ocaso,
trémulo cuando tu piel arrancaron,
y es el despojo quien sigue tu paso.
¿No sabes qué condena te pactaron?
A tus pies, en este mar que me embarga,
Es la playa donde encontré el naufragio,
pues mi sacrificio solo te amarga.
Y es la brisa quien susurra el presagio.
El trecho es muy corto, ya no respiro,
cuando pienso que nadé sin sentido,
la parvada baja, y solo te admiro.
Y estoy en tus brazos y ya nada pido.